Desde que salimos de Gibraltar, empecé a enseñar a mi tripulación a navegar antes de la llegada del G.P.S. Tengo cuatro chicos jóvenes a bordo que nunca han navegado sin este instrumento tan útil que nos indica nuestra posición en todo momento, con un error de apenas unos metros. Tuve que empezar por lo básico, es decir, cómo hacer una navegación estimada, y luego llegar al uso del sextante y las tablas de reducción. Saber navegar con el sextante ya no es estrictamente necesario; en los barcos hay plotters, teléfonos móviles, ordenadores y tabletas que, si se configuran adecuadamente, pueden actuar como navegadores cartográficos. También parece que la probabilidad de que la red de satélites se quede sin cobertura es bastante remota, ya que ahora se utiliza para múltiples fines comerciales. Pero la belleza de la navegación astronómica no reside en su mera utilidad, sino en el placer de poder situarse en medio de un océano sin recurrir al GPS, como hacían marineros y navegantes hasta hace unas décadas. Al fin y al cabo, ¿no se navega a otro ritmo y con otra capacidad, impulsados por velas en lugar de motores endotérmicos? La navegación astronómica suele infundir un temor reverencial, demasiado complejo para aprenderlo sólo por diversión. En efecto, dominar por completo la teoría que utilizamos para orientar un barco no es trivial, sobre todo para los navegantes modernos, que ya no están acostumbrados a mirar al cielo, sino, por desgracia, sólo a las pantallas. Sin embargo, esta dificultad inicial no debe asustarnos; como estoy enseñando a los chicos, primero es importante aprender a utilizar el sextante y conocer el proceso para obtener nuestra posición. El asombro y la satisfacción de la primera "vista de mediodía" y las primeras rectas de altura les engancharán, despertarán un gran entusiasmo que es casi como magia. Día tras día, a medida que hacemos los cálculos y seguimos el proceso, empezamos a hacernos preguntas y a buscar en la teoría las respuestas a nuestra curiosidad. Así, cada pequeña pieza va encajando en su lugar en nuestras cabezas y en menos de una semana pasamos de la desorientación, por no entender, al asombro por haber conseguido hacer con precisión puntos de barco por milla, llegando finalmente a la satisfacción de dominar una técnica que hasta unos días antes ¡se creía prerrogativa de pocos!